Hay personas que piensan que hacer terapia es algo que sólo hacen algunas personas por que están “muy mal”. Hacer terapia no es nada más que hacer una profunda indagación sobre la persona que somos hoy y la niña o niño que fuimos en su día. Conocernos mejor y entendernos mejor nos hace más felices a nosotros y a las personas que se relacionan con nosotros. Yo siempre digo que quien más se ha beneficiado de todo mi trabajo personal, crecimiento, de toda mi investigación, de mi indagación y todo mi estudio, han sido mis 3 hijos y mi marido. No hace falta haber tenido grandes traumas o grandes problemas para hacer terapia. Hay personas que hacen terapia simplemente porque les ayuda a vivir mejor, a encontrarse mejor, a conectar consigo mismas, a conocerse mejor y por consiguiente a entender a los demás, también, mejor. Hay personas que han encontrado esa paz interna practicando yoga, haciendo meditación, haciendo o escuchando música, practicando Aikido o cualquier otro deporte, jugando al ajedrez… y hay otras que hacen sesiones de terapia individual o grupal y otras que hacen una mezcla de todo un poco. Hacer terapia  nos hace, en definitiva, sentirnos mejor física, mental y emocionalmente. Al sentirnos mejor nos comportamos mejor, por lo tanto entendemos mejor el por qué nos pasa lo que nos pasa y aprendemos a gestionarlo y aceptarlo mejor y dejamos de sufrir. Como consecuencia de este crecimiento personal nuestras relaciones con los demás también mejoran. Al cambiar nuestro modo de ver las cosas, de ver a las personas, de ver los sucesos… Lo percibimos todo de un modo distinto. No es que todo nuestro mundo haya cambiado sino que, simplemente, las cosas que nos molestaban o disgustaban dejan de afectarnos por el simple hecho de que ahora miramos y percibimos de otro modo. Cuando logramos cambiar nuestras creencias, todo empieza a cambiar. Como dijo Gandhi: “Se tú el cambio que quieres ver en este mundo”.

¿En qué casos es recomendable o necesario hacer terapia?

Hacer terapia supone estar viendo y aceptando nuevos puntos de vista y cuestionándonos nuestras viejas creencias y nuestros viejos comportamientos aprendidos para luego poder cambiarlos y dejar de estar tan apegados a nuestros pensamientos. Para poder cambiar de actitud primero tendremos que cambiar lo que pensamos y creemos sobre aquello que hacemos o queremos dejar de hacer. Una vez nos cuestionamos nuestras creencias y las vamos cambiando por otras, es cuando también  podremos ir cambiando de actitud. Por lo tanto nos ayudará a responsabilizarnos de lo nuestro. Cuando nuestras relaciones de pareja, con nuestros hijos, alumnos, empleados, familiares, padres… empiezan a fallar y empezamos a sufrir es cuando sería aconsejable pensar en recibir algún tipo de ayuda. Como he dicho antes, no hace falta llegar hasta aquí para tener sesiones de terapia pero ahora me refiero a los casos en que sí pueda hacer falta. A veces con un par de sesiones es suficiente para poder darnos cuenta de qué me pasa a mí cada vez que mi madre, por poner un ejemplo, me dice o hace aquello. Aprender a comunicarnos de una forma menos violenta y poder entender y validar a la otra persona nos ayudará mucho. Pero para eso a veces nos hace falta la ayuda de alguien de fuera, un terapeuta. También hay casos en que un seguimiento y acompañamiento semanal, quincenal o mensual durante un tiempo pueda ser necesario para ir poniendo en orden nuestra historia personal y de este modo crear un nuevo mapa de nuestra vida. Poniendo en práctica cositas y haciendo ejercicios cada semana se pode llegar a hacer esos cambios que necesitamos. Pueden haber situaciones del pasado aún no “cerradas” que necesitan ser revisadas tales como: duelos, pérdidas, separaciones, malos tratos, abusos, carencias afectivas y emocionales, abandonos… Hay situaciones vividas de nuestro pasado que no nos dejan vivir plenamente el presente. La terapia nos puede ayudar a sanar viejas heridas y/o entender sucesos. A la vez que nos brinda nuevas herramientas para el aquí y el ahora. Algo muy importante a tener en cuenta es que hacer terapia nos ha de ayudar en todo aquello que necesitamos cambiar o entender. Hay que ser muy críticos con los terapeutas ya que puede crear dependencia el hecho de que alguien nos vaya diciendo lo que tenemos que hacer. Eso es muy peligroso. Un buen terapeuta no dice lo que hay que hacer o dejar de hacer, no aconseja ni juzga. Un buen terapeuta simplemente ayuda a la persona a tomar mejores decisiones y a empoderarla al ayudarla a darse cuenta por sí misma de qué le pasa y el por qué y el para qué le pasa. Esto se puede conseguir trabajando aspectos personales, haciendo preguntas, ejercicios, construyendo nuestra biografía humana y emocional… No se pueden hacer cambios organísmicos, reales, sino son desde uno mismo. Nadie puede cambiarnos ni nosotros podemos pretender cambiar a nadie. Un buen terapeuta nos puede inspirar, guiar y ayudar en nuestros cambios. Cuando la responsabilidad y el compromiso es nuestro, el cambio es de verdad, no temporal. Cuando entendemos y sabemos quiénes somos realmente ya podemos despedirnos de nuestro “personaje” y de todos sus trajes y de todas sus máscaras. Este personaje es quien nos ha ayudado a sobrevivir hasta el día de hoy pero ya no lo vamos a necesitar más. Una vez detectado y confirmado nuestro “personaje”, podremos despedirnos de él y darle la bienvenida a nuestro verdadero ser interior que lleva ya mucho tiempo pidiendo salir. Hacer terapia no es charlar con un amigo,  para eso no es necesario pagar. Claro que tenemos que hablar con nuestro terapeuta pero su escucha activa es para ayudarnos en las devoluciones que nos hará de todo lo dicho. Lo importante, la mayoría de veces, no es lo que se dice sino el cómo se dice y el que hay detrás de todo lo dicho. A veces es más importante lo que no nombramos que lo que contamos. Nuestro discurso puede ser uno pero la realidad de aquel niño/a que fuimos puede ser otra totalmente distinta. El terapeuta debe saber descifrar ese discurso falso. Laura Gutman es la reina en lo que ha discursos falsos se refiere. Recomiendo sus libros y los de Alice Miller. Yo me considero una “discípula” de Alice Miller, he estudiado muy a fondo toda su obra. Lástima que no la pude conocer personalmente. A Laura Gutman sí tuve el placer de estar con ella hace unos años. Sus libros me han ayudado e inspirado muchísimo tanto personal como profesionalmente. Laura Gutman también ha utilizado la obra de Miller en toda su indagación como profesional.  Me encanta la metodología de la Biografía Humana que recomienda Laura Gutman. Yo la utilizo mucho en terapia. He visto a muchos adultos hablar en nombre de mamá y papá. Simplemente repetimos lo que ellos nos decían como si eso fuese lo que realmente sucedió. No, eso es lo que ellos percibieron, pensaron o creyeron no lo que realmente le paso a ese niño o niña que fuimos. Hay que ponerle voz a ese niño y niña que fuimos.Incluso lo que no podemos recordar nos va a decir mucho. Hay que buscar la forma de ir nombrando lo que olvidamos. Olvidamos experiencias como mecanismo de defensa. El cerebro es muy sabio y todo aquello que nos puede hacer sufrir lo guarda en otro sitio llamado el inconsciente para así poder seguir con nuestra vida. Hay una parte del cerebro que no duerme nunca y esa parte es precisamente el inconsciente. Cuando soñamos por la noche es el inconsciente quien viene a decirnos cosas sobre nosotros mismos. En terapia se pueden trabajar, no interpretar, todos esos sueños. No obstante, hay veces que es necesario escarbar un poco para entender mejor. Tampoco soy partidaria de quedarme en el pasado compadeciéndonos de lo que nos hicieron o de todo lo que nos ocurrió. Lo importante e interesante es qué hacemos nosotros ahora con todo eso que nos pasó. El pasado no lo podemos cambiar, solo entender. El futuro no existe todavía, por lo tanto el único momento que realmente podemos vivir es el aquí, ahora, hoy, este preciso momento que estás leyendo esto. A veces tenemos que dejar de proteger a mamá y papá. Hay que buscar la forma de nombrar lo nunca dicho. Cada uno de nosotros ha sido hijo de un padre y de una madre y nuestros padres también fueron hijos de nuestros abuelos. Hay que saber y hay que nombrar qué es lo que le pasa a un niño que no ha sido suficientemente querido, aceptado, deseado, defendido, respetado, escuchado, tenido en cuenta, amparado, al cual se le ha exigido demasiado, se le ha exigido obediencia y complacencia, al cual se le ha gritado y castigado y pegado,  del cual se ha abusado sexualmente, que no ha podido expresar sus sentimientos, al cual se ha reprimido, el cual ha estado solo y abandonado, el cual ha sentido mucha soledad, el cual ha sentido mucho miedo… El miedo solo nos da impotencia. El miedo no nos deja desarrollar nuestras virtudes. No se trata de buscar culpables sino de ver las causas reales para luego poder entender, comprender, aceptar, validar, empoderarnos, cambiar y si es el caso perdonar o no. El dolor que ese niño o niña vivió ya pasó pero hay que poder traer la visión de lo que él o ella sintió. Ponerle palabras a eso que vivió y sintió. De adultos se nos olvida lo que sentimos de niños. Nada puede ser peor ni más doloroso que lo que ya se vivió. Ahora se trata se sanar al niño que fuimos a través del adulto que ahora somos. El hecho de recordar, ordenar y comprender los hechos nos va a traer alivio y compasión. Si somos padres o madres quizás necesitemos hacer un trabajo personal para poder acompañar a nuestros hijos mejor. Conozco a muchas madres y padres que quieren criar a sus hijos con conciencia y respetuosamente que en un momento determinado de sus vidas han decidido hacer algún tipo de “terapia” para poder comunicarse y conectar mejor con ellos. También les ha ayudado hacer su propia Biografía Humana. Cuando entendemos el por qué somos cómo somos y nos aceptamos, nos es más fácil hacer los cambios que deseamos. La persona que somos hoy ha recibido muchas influencias externas: nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros hermanos, nuestros parientes cercanos y lejanos, nuestros amigos o enemigos, nuestros profesores, jefes, ex – parejas, parejas actuales, compañeros de trabajo… También hay una gran influencia cultural, social y medioambiental. Una vez vamos viendo quien soy yo realmente y nos preguntamos ¿qué partes son mías y cuáles prestadas? Entonces podremos decidir con cuales me quedo y cuales quiero devolver. Quizás algunos/as os estaréis preguntando si las terapias no deberían sólo ser presenciales y vivenciales. En mi opinión, se puede acompañar muy bien desde una vídeo llamada. El terapeuta puede ver la persona, su expresión, sus gestos, su tono de voz… Se pueden hacer algunos ejercicios conjuntamente como la “silla vacía”, pequeños psicodramas… La flexibilidad horaria permite hacer sesiones en horas que no se podrían hacer en consultas en persona (por la noche, cuando los hijos duermen, por ejemplo). Yo tengo personas con las que hago sesiones presenciales y a su vez vídeo llamadas cuando no les es posible venir en persona. También tengo el placer de tener a personas de diferentes países del mundo. No se pierde tiempo en desplazamientos. Podemos escoger a un terapeuta que nos guste aunque esté en la otro punta del mundo, como es mi caso. Internet nos une a todos y en cuestión de minutos o segundos podemos estar juntos aun siendo de países muy lejanos. Los grupos que llevo on-line de Mastermind (junto con María José Cifuentes), talleres, grupos de apoyo… son un pequeño milagro. Nunca hubiese pensado que las personas pudiéramos estar llorando, riendo y compartiendo tantas experiencias tan intimas de este modo, desde casa y frente a un ordenador. Para concluir quisiera decir que la verdadera esencia de lo que todo ser humano busca en esta vida es ser feliz y tener paz interna. Algunos piensan que casándose y teniendo hijos lo serán, otros piensan que teniendo muchos estudios y dinero, otros creen que llevando una vida simple y espiritual… Lo único que nos hace a todos los seres humanos iguales es la necesidad y la búsqueda de amor, felicidad y paz interior.  Lo importante es conseguirla para luego poder compartirla. Un buen terapeuta simplemente ayuda a eliminar todo aquello que obstaculiza el camino de dicho amor, felicidad y paz interna.   Yvonne Laborda Web: www.yvonnelaborda.com
Terapeuta Humanista-Holística
Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
Unschooling: (aprendizaje autónomo)
Ex-profesora de inglés
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LOS DOLORES PROVOCADOS POR ALTERACIONES EN LA MANDÍBULA PUEDEN SER TRATADOS CON FISIOTERAPIA

Los colegios de fisioterapeutas de Madrid, Cataluña, País Vasco, Navarra y Galicia trabajan en la difusión de las aplicaciones menos conocidas de la fisioterapia, como el tratamiento de alteraciones orofaciales o temporomandibulares, a las que dedican su videoconsejo de enero dentro de la campaña ‘12 meses, 12 consejos de salud’ .


Según explicó el secretario general del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM), José Santos, la articulación temporomandibular o ATM es un engranaje fundamental para la movilidad de la mandíbula que permite poder masticar los alimentos y hablar.
Sus alteraciones, añadió, dan lugar a disfunciones entre las que se encuentran la limitación y desviación de la apertura de la boca, de la lateralidad y los ruidos intra-articulares que afectan al conjunto funcional del habla, la masticación y la deglución.

Esto se traduce en síntomas dolorosos asociados en cabeza, cuello, oídos, maxilares, esternón, ojos o dientes, así como zumbidos, acúfenos, vértigos, pérdida de equilibrio, problemas visuales, alteraciones de la posición y sensación de quemazón.
José Santos recomendó acudir al fisioterapia en caso de tener alguno de estos síntomas, ya que “son los fisioterapeutas los que pueden estudiar desde la posición hasta la integridad todo el sistema masticatorio, valorar el problema y ofrecer tratamiento a estas limitaciones y dolores”.
La fisioterapia puede ayudar en esta patología trabajando sobre la reeducación postural (cómo nos sentamos para comer y estudiar) y la corrección del bruxismo y hábitos como morderse las uñas, los bolígrafos, etc., sin olvidar los consejos educativos y el tratamiento de la articulación con técnicas manuales, láser o ejercicios.
El secretario general del Cpfcm advirtió de que el origen de los dolores orofaciales (de boca y mandíbula), de determinadas cefaleas y de los dolores cervicales podría estar asociado a factores biológicos (cambios hormonales, antecedentes genéticos), psicológicos (estrés, ansiedad) y sociales (déficit alimentario).
Además, apuntó que, según las últimas investigaciones científicas, estas dolencias pueden también estar relacionadas con patologías digestivas, como el colon irritable o la gastritis, con intolerancias alimentarias o con la nutrición deficitaria (carencia de vitaminas o minerales).
El origen multifactorial del dolor en este tipo de problemas músculo-esqueléticos hace que, según datos del Cpfcm, el 80% de los pacientes que acuden a una consulta de fisioterapia lo haga por dolores de los que desconoce la causa.
Al tratarse de una serie de patologías muy complejas, José Santos insistió en que el planteamiento más correcto sería realizar intervenciones multidisciplinares (fisioterapeutas, odontólogos, psicólogos, etc.)
La fisioterapia consigue disminuir el dolor cráneo-facial y cervical, así como la intensidad y frecuencia de las cefaleas. También reduce la fatiga masticatoria y mejora el funcionamiento mandibular. “Sin embargo, el reto futuro está en identificar los tratamientos de fisioterapia más efectivos sobre el dolor cráneo-facial”, añadió.

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SEME aconseja tratamientos faciales y la eliminación de varices para combatir el invierno

La Sociedad Española de Medicina Estética ha propuesto una serie de recomendaciones para, tras el periodo estival, “recuperar los buenos hábitos y a prepararnos para combatir el frío del invierno que suele suponer un reto para mantener la piel en un estado óptimo”, para lo que propone una serie de tratamientos faciales, la eliminación de varices o el comienzo de la “operación bikini” desde esta estación del año.

seme-2La representante del Consejo Directivo de la SEME, la doctora Concha Obregón, recuerda que “es muy importante que el paciente sepa que incluso un peeling químico requiere ser aplicado por un médico estético. Existen varios niveles de profundidad en los peeling, y en otros tratamientos que buscan eliminar manchas y/o el rejuvenecimiento de la piel, y pueden tener importantes efectos secundarios. Por ello, es obligatorio realizarse cualquier de estos tratamientos en un centro médico, especializado en estética, para garantizar la seguridad de los pacientes y los mejores resultados”.

Por otro lado, en cuanto a la eliminación de varices, la SEME asegura que “la última etapa del otoño y comienzos del invierno es la mejor momento del año para iniciar cualquier tratamiento, la bajada de las temperaturas contribuye a mejorar la circulación y, en consecuencia, favorece unos buenos resultados”.

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